Compartía aquella existencia gris
con dos compañeros de trabajo que también lo eran de piso. La
vivienda en la que moraban era el reflejo de sus decaídos espíritus:
platos sucios, camas sin hacer, suelos pringosos de cerveza... La
cosa, ciertamente, daba bastante asco. No era de extrañar que si por
alguna extraña razón sonaba la flauta y alguna chavala pasaba por
allí, pronto emprendiera el vuelo, espantada por tanta cochambre y
en busca de más prometedoras compañías.
De similares inclinaciones y
defectos, el camarada Dandochepazos y sus dos amigos formaban un
crapuloso grupo que arrastraba sus penurias en la nebulosa noche
ceutí. Ahora que se las da de deportista y ciudadano de bien, no
quiere ni oír hablar de todo esto, pero las cosas son como son. Es
hora de que todos sepan que tras ese casco Spyuk y esas gafas
oscuras, se oculta un pasado de excesos y una vida rayana en la
marginalidad.
Dandochepazos (a la derecha), paseaba su decaimiento por confusas noches de alcohol y malos ambientes. |
Qué lejos quedaban entonces para
Dandochepazos, en aquellos primeros años de la década de 2000, las
cumbres pirenaicas y las sesiones de rodillo. Enterrado en un pozo de
apatía y desesperanza, bastante tenía con llegar cada día hasta la
redacción del periodicucho en el que trabajaba y con cubrir el
expediente. Aquel rellenar de páginas con historias insustanciales y
noticias que no lo eran le dejaba una sensación de profundo vacío y
amargura. Era joven, sí, pero estaba para el desguace.
Pero en un momento dado de esta
decadencia, aquel alma perdida tuvo una revelación. Entre las brumas
etílicas de su mente, surgió una imagen luminosa que desprendía
color y esperanza; como un potente foco led que ilumina la
carretera del ciclista en la noche. Se veía a sí mismo de nuevo
sobre la bici, tantos años después, coronando puertos y sintiendo
el viento fresco de la mañana en los descensos.
Poco a poco fue madurando aquel
proyecto de cicloredención. En
primer lugar, tuvo que actualizar sus conocimientos sobre la materia,
porque su última bicicleta había sido una Muddy Fox de principios
de la década de 1990, de acero y con unos cambios Shimano 200 GS.
Además, había que encontrar algo asequible, pues el salario de 900
euros con el que su empresa tenía a bien recompensar sus servicios
no permitía muchas alegrías. Finalmente, se decantó por una
Conor de montaña, con cuadro de aluminio y con un modesto grupo
Shimano Alivio.
Unos días después, con la bici ya a buen recaudo en su chamizo, recibía un
paquete postal de sus padres. En su interior, el antiguo traje de
faena de Dandochepazos: un viejo culotte, un
maillot de algodón
con estampaciones en colores pastel y un casco Bell rosa. “Joder,
si salgo vestido de esta guisa, adiós a todo resto de dignidad que
pudiera quedarme”, pensó al ver el desfasado atuendo. Pero el caso
es que comprar una nueva equipación escapaba a sus posibilidades,
así que tocaba hacer algún apaño.
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Sobre esta montura metálica, el joven globero dejó atrás una vida decadente. |
Las
dotes de mi colega en materia de manualidades no daban para mucho, de
forma que se limitó a comprar un spray de pintura negra y a rociarlo
sobre el casco para ocultar el rosa chillón de la carcasa de
plástico. Pero al igual que le ocurría en sus primeros años de
escuela cuando de colorear imágenes se trataba, su pulso le jugó
una mala pasada. Las ráfagas del spray se salieron en varias
ocasiones de los límites del revestimiento plástico y afectaron a
la parte inferior del casco, en la que la espuma de poliuretano se
encontraba al descubierto.
La
falta de tino de Dandochepazos tuvo consecuencias: la estructura
presentaba preocupantes huecos en aquellas zonas en las que el
poliuretano había entrado en contacto con el esmalte. Además, el
acabado en negro brillante tenía goterones en los puntos en los que,
debido a la escasa maña del artista, se había acumulado un exceso
de pintura. “Bueno; visto desde lejos, igual hasta da el pego”,
trató de engañarse cuando vio ante sí tamaño desaguisado.
Como
lo del obsoleto maillot tenía
difícil arreglo, optó por comprarse un chubasquero de doce euros
para ponérselo por encima. Ya solo faltaba que, como sus planes eran
salir muy de mañana, antes de ir a trabajar cada día, no le diera
un síncope por el calor.
Hechos
ya todos los preparativos, llegaba el momento de regresar a la
carretera tras más muchos años de nula actividad física, mala
alimentación y demasiado darle al frasco. Era el verano de 2003. Una
nueva vida comenzaba para él. Una vida de Mahous, encurtidos y
telebasura, sí; pero también de esfuerzo, altimetrías y dolor de
piernas. Una vida que ha hecho que Dandochepazos llegue a ser lo que
es hoy... Un globero
de tres al cuarto.
9 comentarios:
Los comienzos de las grandes gestas, amigo Dandochepazos, nunca fueron fáciles. La primera pedalada cuesta darla, pero más cuesta después mantener el pedaleo. Enhorabuena.
lo que yo no entiendo es por qué no compaginar ambas actividades: alterne etílico y deporte. Así lo hacen y han hecho otros grandes como üllrich, Raikonnen, Fonsi Nieto...y mire Sr. Dandochepazos lo bien que les va la vida.
Como en tantas otras ocasiones, me defrauda ud.
Hola, Anónimo 1. Qué razón tienes. Aquella primera pedalada costó mucho al camarada Dandochepazos. Pero mucho más le cuesta mantenerse al pie del cañón en esta desagradecida vida de globerismo. Gracias por tu comentario, Diós te lo pagará --porque lo que es yo, ando un poco escaso de perras, y Dandochepazos, ni te cuento--.
Buenas, Anónimo 2. No te creas que este elemento no ha intentado compaginar la vida disoluta con los escarceos bicicleteriles. Pero las consecuencias han sido siempre desastrosas y, el muy cobarde se ha rajado un poco. De todas formas, aún suele agarrarlas buenas de vez en cuando, ya sea poniéndose 'tibio' a Mahous mientras ve la tele o cuando se junta con algún compinche. Un saludo y gracias por seguir las correrías de este individuo.
Hay que aclarar, en honor a la verdad, que los jóvenes que salen junto a Dandochepazos en la foto, no son a quienes se refiere en el post. Todo lo demás es tan triste como cierto.
Pues va a ser que me ha pillado usted, Ceutí. El caso es que, afortunadamente, parece no existir testimonio gráfico de las lamentables correrías norteafricanas de Dandochepazos. Así que me tome la licencia de incluir una fotografía tomada unos meses antes de que mi amigo saltara al otro lado del estrecho. Los individuos que aparecen junto a él, aunque no son los mismos de los que se habla en el artículo, son perfectamente equiparables a estos últimos, dadas sus inclinaciones crapulosas y su pertenencia al gremio 'reporteril'. Por cierto, ¿qué persona-humana se oculta tras su seudónimo? Vamos, si puede saberse. Un saludo y gracias por su comentario.
Puedo decirle que soy tan humano y real como el propio Dandochepazos o como usted, señor Peret. Su sagacidad hará el resto.Un placer leerle.
Ya me hago una idea, Ceutí. Aunque no las tengo todas conmigo; mi sagacidad no da para mucho más.
Si no lo adivinase sería para 'jincharse' de llorar, amigo Peret. Y soy plenamente consciente de sus capacidades.
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